Integració Sociolaboral de Persones amb discapacitat

michael l. wehmeyer

Resumen

Autodeterminación y Empleo: El Nuevo Paradigma en Apoyo a las Discapacidades. Michael L. Wehmeyer

Universidad de Kansas

            La tesis que me gustaría presentar en esta sesión es que las maneras nuevas de pensar y conceptualizar la discapacidad,  piden que nosotros, como profesionales y defensores de esta especialidad, reconsideremos nuestros acercamientos históricos y los modelos de trato, incluyendo el empleo.  Estos conceptos nuevos nos trasladan de crear programas para gente con discapacidades intelectuales y de desarrollo, a diseñar apoyo individualizado.  Nos movemos de servicios separados a prácticas globales. Enfatizan las fuerzas individuales en vez de las incapacidades, y se centran en la atribución de poder y la autodeterminación.  Es evidente que esta nueva ola del movimiento de la discapacidad debería crear el marco idóneo para que la promesa de empleo con apoyo, finalmente, sea realidad.

Las Tres Olas del Movimiento de la Discapacidad

Hace varios años fui coautor de un capítulo, (Wehmeyer, Bersani, & Gagne, 2000), que caracterizaba la era actual como la representación de las tercera ola del Movimiento de la Discapacidad. La primera ola, que abarcababa  aproximadamente la primera mitad del siglo XX, estaba dominada por los profesionales.  En el punto más álgido de esta primera ola, los profesionales definieron los asuntos y crearon las entonces disciplinas nuevas sobre el retraso mental como campos separados de las medicina, la psicología y la educación. (Dybwad & Bersani, 1996; Scheerenberger, 1983).  Estos profesionales tomaban decisiones por si mismos, o se consultaban mutuamente. Los padres y el público asumieron que estos profesionales, a causa de su educación y su estatus, sabían qué era lo mejor.  Se hacía énfasis en el diagnóstico y en la determinación de quién se beneficiaría con el tratamiento y quién no. Las imagines asociadas con la discapacidad a menudo eran universalmente negativas.  Las personas con discapacidad estaban estereotipadas como amenazas para la sociedad, o como responsables de problemas societales (Scheerenberger, 1983; Trent, 1994). 

 

            En la mitad del siglo XX, surgió una segunda ola en el movimiento de la discapacidad: el movimiento de los padres.  Los avances de la ciencia y la medicina aumentaron enormenmente la esperanza de vida de las personas con discapacidades. Surgió un énfasis creciente, en todo el mundo,  en la rehabilitación y formación.  Los éxitos en el desarrollo de vacunas contra enfermedades como la polio y la tuberculosis dieron esperanzas a grandes curas para las condiciones que causaban discapacidad. Con estos avances, los primeros estereotipos de discapacidad se sustituyeron por estereotipos más humanos, aunque todavía debilitantes en muchos aspectos. Las personas con discapacidades se veían como objetos a los que arreglar, curar, rehabilitar y, al mismo tiempo, compadecer. Llegaron a ser vistas como “víctimas” de su condición de discapacitados, merecedores de caridad. Dentro de este estereotipo, las personas con discapacidades intelectuales eran consideradas como “santos inocentes” (por ejemplo, mensajeros especiales, hijos de Dios, etc), y por tanto incapaces de pecar y de responsabilizarse de sus propias acciones. Basándose al menos parcialmente en la práctica dominante de calcular la edad mental a partir de los coeficientes de inteligencia, a las personas con discapacidades intelectuales se las consideraba “niños eternos”.Aunque ya no se les temía ni se les culpaba de todos los males de la sociedad, las personas con discapacidades intelectuales  eran consideradas como niños, a los que proteger, compadecer y cuidar.

Estos avances en la ciencia y el cambio en las percepciones animaron a los padres a solicitar la participación en la toma de decisiones que afectaba a sus hijos y a rechazar los  pronósticos, a menudo, pesimistas de los profesionales, así como los tratamientos asociados con estos pronósticos, el más notable el internamiento en residencias. Los padres y demás miembros de la familia empezaron a exigir servicios que capacitaran a sus hijos para permanecer en casa, par ir a la escuela y, a medida que crecían, vivir y trabajar en sus comunidades. Lentamente, los profesionales se unieron a la rebelión de los padres y reconocieron la importancia de éstos en el proceso de toma de decisiones.  El movimiento finalmente ganó peso político, y durante, los años 50, 60 y 70 cambió radicalmente y de modo inalterable la cara de los servicios para los discapacitados. 

Fue en esta segunda ola del movimiento de la discapacidad cuando surgió la el campo naciente del empleo con apoyo. A mediados de los años 80, las manifestaciones por las opciones de empleo para las personas con discapacidades severas involucraron las ahora familiares características del desarrollo del empleo, apoyos naturales, y finalmente, autoempleo. El potencial con el que gente con discapacidad severa podía y debía trabajar en empleos competitivos con otros miembros de las comunidad se convirtió para algunos en algo más que un sueño.  Y sin embargo, si miramos al punto en el que nos encontramos actualmente, debemos admitir que el potencial del empleo con apoyo, la promesa de un empleo real, no ha sido cumplida por demasiada gente.

En mi opinión al menos una de las razones que apoyaba el empleo no se sistematizó y se adoptó más ampliamente en relación con los razonamientos que todavía se tenían sobre la discapacidad durante la segunda ola del movimiento de discapacidad. En general, esta segunda ola no alteró la comprensión que se tenía sobre la discapacidad.  La discapacidad todavía se veía como una aberración, atípica o patológica.; como estuviera fuera de la experiencia normativa y como una característica, cualidad o condición de la persona.  Las personas con discapacidades se consideraban como estropeadas y enfermas.  Términos como inválido, tarado y minusválido, que eran los términos extendidos, hablan por si solos.  Más allá de la esperanza de curación alentada por los avances científicos, poco más cambió en el  modo en que se entendía la discapacidad.

 

            A finales de los años 70 y durante los 80, empezó a surgir una tercera ola del movimiento de la discapacidad, el movimiento de auto-apoyo (Dybwad & Bersani, 1996).  Durante la mayor parte de la segunda ola, los padres y demás miembros de la familia dijeron a los profesionales que ellos eran los consumidores de los servicios y que hablaban en nombre de sus hijos o hijas.  A medida que estos hijos e hijas crecían y el movimiento maduró, el énfasis cambió.  Los padres y demás miembros de la familia, junto con los profesionales, empezaron a reconocer que las personas con discapacidades intelectuales y de desarrollo podían hablar por si mismas. La tercera ola del movimiento de la discapacidad, el movimiento de auto-apoyo, surgió a medida que estas personas con discapacidades, cada vez más denominadas como auto-apoyadas, empezaron a reivindicar sus opiniones. Esta ola del movimiento se caracteriza por un énfasis en la atribución de poder, la auto determinación y la inserción comunitaria.

Hubo varios factores que contribuyeron a la aparición de la tercera ola. Ciertamente, el progreso conseguido por los padres al establecer programas basado en la comunidad, la educación, vivir en la comunidad, o asignar empleo, crearon un clima que condujo a mayores protecciones y mayores expectativas. La aparición de otros movimientos también contribuyó.

 

 

El primero fue la adopción del principio de normalización como base organizativa para los servicios en los años 70.  En 1970, Bengt Nirje explicó que el principio de la normalización tenía sus base en “ experiencias escandinavas en este campo” y surgió, en esencia, de una ley sueca sobre el retraso mental aprobada en 1968  En su concepto original, el principio de normalización proporcionaba orientación para crear servicios que “permitieran a los retrasados mentales tener una existencia lo más normal posible”.  Scheerenberger (1987) mencionó que “en esta etapa del desarrollo, el principio de normalización básicamente reflejaban un estilo de vida diametralmente opuesto a muchas  prácticas institucionales predominantes”   (p. 117) y sugirió que “ni un solo principio categórico ha tenido un impacto tan enorme en los ayudas [para personas con retraso mental] como el de la normalización” (p. 117). 

En segundo lugar, los movimientos de vida independiente y el de los derechos de los discapacitados fueron críticos en la aparición del nuevo paradigma. El movimiento de vida independiente empezó en los años 60 y estuvo muy influenciado por la conciencia social y política de otros movimientos por los derechos civiles que existían (en los Estado Unidos) en esa época (Ward, 1996).  Esta perspectiva de los derechos civiles, y el reconocimiento de la falta de poder  y de valor que tenían las personas con discapacidades en esa época, hizo que muchas personas con discapacidades equipararan sus experiencias y marginación con miembros de grupos grupos raciales  o étnicos minoritarios, y que empezaran a responder a las barreras sociales en un marco social, económico y político. La atribución de poder es un término normalmente asociado con los movimientos sociales y se suele utilizar para referirse a acciones que mejoran las posibilidades para que la gente gobierne sus propias (Rappaport, 1981).  Los conceptos del derecho a la integración e igualdad de oportunidades  significativa  enfatizados por otros grupos de derechos civiles, así como los métodos y tácticas utilizados por estos grupos, se adoptaron por los movimientos de los derechos de los discapacitados.

 

Ed Roberts, uno de los líderes de los movimiento de vida independiente y de los derechos de los discapacitados, enfatizó la conexión entre la lucha por la igualdad de otros minorías y la marginación de las personas con discapacidades. Roberts definió la independencia en términos del control que las personas con discapacidades tienen sobre sus vidas, y argumentó que debería determinarse no solo por las  tareas que pueden desempeñar sin ayuda, si no por la calidad de sus vidas sin el apoyo adecuado.

 

            Un tercer movimiento de importancia fue el movimiento de auto-ayuda o Personas en Primer Lugar.  En los Estados Unidos, los orígenes del movimiento de auto-ayuda normalmente se atribuyen a un pequeño grupo de personas con discapacidades intelectuales de Salem, Oregón las cuales son reconocidas por haber pronunciado la frase "En primer lugar somos personas" (Edwards, 1982).  Sin embargo, claramente, las raices de ese movimiento se encuentran en Suecia a final de los años 60 y los años 70.  Al principio de 1965 en Suecia, Bengt Nirje describió el uso de clubes socials llamados "flamslattsklubben" para promover en Suecia la formación de adolescentes con discapacidades intelectuales. Esta formación estaba enclavada en desarrollo del Principio de Normalización de Nirje (Nirje, 1969).  En solo unos cuantos años, los informes sobre la formación de los grupos sociales incluían instrucción en procedimientos parlamentarios. 

            Desde aquellos comienzos humildes, el movimiento de autoapoyo ganó terreno rápidamente tanto en los Estados Unidos como a nivel internacional. En cinco años desde la formación del grupo de Oregón había 1.000 miembros sólo en Oregón, con grupos hermanos en tres estados y solicitudes de asesoramiento para empezar organizaciones similares por parte de 42 estados (Edwards, 1982). La historia del movimiento de autoapoyo es , esencialmente, la historia de unas personas que se habían sentido impotentes para expresarse y para pedir el control sobre sus vidas.  La potencia de este movimiento fue captado elegantemente por Ray Gagne's en la descripción de su vida tras la institución ... su “vida de poder”.

 

            Finalmente, otras tendencias, como el consumismo, la autoayuda, la desmedicalización/autocuidado y el movimiento de  desinstitucionalización  también tuvieron impacto en la aparición de la tercera ola del movimiento de la discapacidad. Por ejemplo, la tendencia hacia el consumismo llevó a creer que cualquier consumidor de servicios para discapacitados tenía derecho a opinar sobre el diseño y el control de estos servicios y ayudas.  La política empezó a reflejar estos aspectos, centrados en asegurar igual acceso y oportunidades, proceso oportuno, y planificación participatoria.. Y, deberíamos añadir, que la aparición del empleo con apoyo también contribuyo a la aparición de la tercera ola del movimiento de la discapacidad. 

En los años 90, era cada vez más evidente que había necesidad de nuevos modos de conceptualizar la discapacidad. Los modelos históricos que se habían centrado en deficiencias, patologías e incapacidad no eran consecuentes con el enfoque de atribución de poder de los movimientos de vida independiente y de los derechos de los discapacitados.  La gente con discapacidades no estaba dispuesta a aceptar conceptualizaciones de la discapacidad que se centrasen en la incapacidad de incompetencia personal..

 

Reconceptualizando la Discapacidad

Así que, hacia finales del siglo XX, las conceptualizaciones tradicionales empezaron a sustituirse por maneras de pensar en la discapacidad que se centraban más en la interacción entre la capacidad personal y el contexto en el que vivían, trabajaban y jugaban. Permítanme que les hable sobre dos de éstas,  La Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y Salud o simplemente CIF,  de la Organización Mundial de la Salud y el sistema de clasificación de 1992/2002 de la Asociación Americana del Retraso Mental.  Los marcos  de la CIF y la AARM son sistemas de clasificación funcional porque la discapacidad se ve como un resultado de la interacción entre las limitaciones de una  persona y el contexto ambiental en que esa persona debe actuar.

El sistema de Definición y Clasificación de 1992 de la AARM 1992 seguía el ejemplo del CIF de la OMS al proponer una definición “funcional” del retraso mental.  En este marco de definición, la discapacidad no es algo que una persona tiene o algo que es una característica d ela persona,  en su lugar es un estado de funcionamiento en el cual las limitaciones en la capacidad funcional y habilidades de adaptación deben ser consideradas  dentro del contexto de entornos y apoyos.  El manual de los autores propuso que “el retraso mental es un estado en el que el funcionamiento está mermado en ciertos aspectos específicos.” (Luckasson et al., 1992,  p. 10).  Se define la limitación funcional  como “ el efecto de mermas específicas en la ejecución o en la capacidad de ejecución de la persona” mientras que la discapacidad se describe como “la expresión de esa limitación en un contexto social” (Luckasson et al., p. 10).  Luckasson y sus colegas (1992) mencionaron , en consecuencia, que “el retraso mental es una discapacidad sólo como resultado de esta interacción” (p. 10); es decir, sólo como resultado de la interacción entre la limitación funcional y el contexto social,  en este caso el entorno y las comunidades en las que las personas con discapacidades viven, aprenden, trabajan y juegan.

Este modelo funcional sugiere que la discapacidad intelectual no es algo que la persona tenga, como una enfermedad, ni es algo que una persona sea, sino que es un estado de funcionamiento que existe basado en la interacción entre las limitaciones personales de la persona y el contexto social o ambiental en que esa persona funciona.

 

Al definir la discapacidad  como una función de la interacción recíproca entre el entorno limitaciones funcionales de la persona, el centro del “problema” cambia de ser un déficit de la persona a ser la relación entre el funcionamiento de la persona y el entorno, y posteriormente, a la identificación y el diseño de apoyos para el funcionamiento de la persona en ese contexto. Los modelos históricos de los servicios para la discapacidad han creado “programas” que proporcionan “servicios” que estaban principalmente diseñados para satisfacer las necesidades de personas en agrupamientos homogéneos basados en indicadores de incompetencia personal.

 

Proporcionar apoyo en vez de Programas

            Los apoyos son recursos y estrategias que “promocionan los intereses y causas de los individuos con o sin discapacidades; que los capacita para acceder a los recursos, información y relaciones inherentes a los entornos integrados donde se trabaja y se vive; y que resultan en la mejora de su interdependencia, productividad, inserción en la comunidad y satisfacción” (Luckasson, et al., 1992; p. 101).  Los “apoyos se refieren a una serie, no continua, de servicios, individuos y entornos que se ajustan a las necesidades de la persona” (p. 88).  Luckasson y Spitalnik se refirieron a una “constelación” de apoyos que las personas con discapacidades intelectuales necesitaba donde la persona está en el centro, y los tipos de apoyo varían del apoyo autodirigido al apoyo autonegociado, como la persona, su familia y amigos y personas a las que no se les paga, como los compañeros de trabajo o vecinos, o apoyo genérico (el que todo el mundo utiliza) y apoyo especializado, como el que proporciona un sistema de servicio al discapacitado.

 

Este enfoque en el apoyo, lógicamente nos lleva a la aparición de del empleo con apoyo y a cómo la tercera ola del movimiento de la discapacidad  apoya la idea de que el empleo con apoyo se convierta en parte de un sistema de apoyo que finalmente pueda capacitarnos para apoyar a las personas a que tengan trabajos significativos en sus comunidades . Cuando se introdujo por primera vez el empleo con apoyo, el campo —y mucho menos el público en general—no estaba preparado para pensar en la discapacidad como una función de la interacción entre las capacidades de la persona y el contexto, sino que continuaba viendo la discapacidad como una característica de la persona; como si estuviera dentro de ella.  Los dos aspectos más poderosos para entender la discapacidad como una función de la interacción son: que está basada en la fuerza , examinando la relación entre las capacidades de la persona (no las incapacidades) y su contexto, y de este modo se centra en las capacidades  de la persona, y no en sus discapacidades ; y esto se centra en desarrollar apoyos para permitir a la persona que funcione en ese contexto. El empleo con apoyo estaba, quizás , adelantado a su tiempo, pero ya ha llegado el momento para el empleo con apoyo.  Además, el centro de atención de la tercera ola del movimiento de la discapacidad  en la autodeterminación y los apoyos autodirigidos ha presentado el campo del empleo con apoyo como una oportunidad y un reto. La oportunidad es mostrar al campo cómo diseñar apoyos para permitir a las personas con discapacidades que funcionen en el contexto del empleo. El reto es cambiar de hacer esto en un proceso dominado profesionalmente a uno que incorpore a la persona con discapacidad en la toma de decisiones sobre su carrera profesional. Para hacer frente a este reto, necesitamos volver a examinar el papel de la autodeterminación en el empleo.

 

¿Qué es la autodeterminación?

 

¿A qué me refiero cuando utilizo el término “autodeteminación”? ¿qué se encuentra exactamente en la esencia de este término?  ¿Qué significa ser una persona con autodeterminación? El Diccionario Webster’s  (Gove, 1967) define autodeterminación como “la determinación de los actos o estados de una persona por si mismos sin obligación externa” (p. 2059).  El sustantivo “determinación” tiene tantos significados que influencia la manera de cada persona de entender esta definición. Tomar una determinación significa tomar una decisión o dar una opinión. Actuar con determinación significa ser firme en lo que uno decide.  Se puede, sin embargo concluir que la autodeterminación significa tomar tus propias decisiones o actuar con resolución. El origen de la palabra “determinación” en autodeterminación es la doctrina filosófica del determinismo.

La doctrina filosófica del determinismo  propone que las acciones están causadas por acontecimientos o leyes naturales que preceden o son antecedentes a que ocurra la acción.  El comportamiento, por tanto, está gobernado por esos u otros acontecimientos o leyes naturales.  Consideremos el papel de la genética en el comportamiento humano como un ejemplo de determinismo. Sabemos que las personas actúan de un modo determinado debido a su estructura genética. Por lo tanto, los genes son determinantes en el comportamiento humano. Causan el comportamiento humano En nuestra época, entendemos que el comportamiento humano tiene muchas causas posibles o determinantes: genes, experiencias pasadas, comportamientos de los padres o normas culturales, creencias religiosas, estados psicológicos, emociones, etc.

 

El autodeterminismo o la autodeterminación, implica que los propios individuos son la causa de que actúen de un modo determinado, en lugar de que algo o alguien sea la causa de que actuemos de un modo determinado (Mithaug, 1998).  Esta dicotomía de uno mismo vs otro no equivale simplemente a decir que la autodeterminación se refiere a acciones causadas por fuerzas literalmente internas a la persona en vez de fuerzas externas a la persona, porque los genes, los neurotransmisores, y otros determinantes son, claramente, internos.  En cambio, la noción del autodeterminismo está unida a la capacidad de los humanos para , en cierto sentido, desautorizar a otros determinantes de su comportamiento basándose en su propia voluntad.  Esta es la razón por la que el término voluntad propia  es central para entender la autodeterminación. La voluntad propia  se refiere a elegir de manera consciente o a la fuerza real para elegir de manera consciente.  Además, la voluntad propia , se define como la capacidad de elección consciente y decisión e intención.  El comportamiento de la voluntad propia, por lo tanto, implica intención. Una acción intencionada se refiere a las acciones que se hacen deliberadamente y resueltamente.  El comportamiento autodeterminado implica voluntad propia e intención. La autodeterminación, por tanto se refiere a las acciones que causa uno mismo ( contrario a las acciones causadas por otros) … se refiere a las personas que actúan con voluntad propia, basándose en su propia voluntad. ¿Se puede aplicar esto a personas con discapacidades severas?  La respuesta clara es si …a las personas con discapacidades severas se les puede ayudar para que actúen con voluntad propia. Se pueden tomar decisiones sobre sus vidas teniendo en cuenta sus preferencias e intereses y, de este modo, permitir a las personas a actuar  basándose más en su propia voluntad.

            En1992, propuse una definición para el comportamiento autodeteminado en la me refería a tal comportamiento como “las actitudes y habilidades que se necesitan para actuar como  principal causa agente en la vida de una persona y elegir respecto a las acciones de uno mismo, libre de cualquier influencia o interferencia externa excesiva” (Wehmeyer, 1992, p. 305).  En el fondo de esa definición estaba la noción de la agencia causal. La definición del adjetivo “causal” es que expresa o indica causa; mostrando la interacción de causa y efecto. El término “agente” es un sustantivo que significa que una persona actúa o tiene la autoridad de actuar o, bien, una fuerza o sustancia que causa un cambio.  Las personas autodeterminadas son agentes causales en sus vidas.  Ellas actúan “con autoridad” para hacer o causar que ocurra algo en sus vidas. Sin embargo, la agencia causal implica más que simplemente causar la acción; implica que el individuo que hace o causa que pasen cosas en su vida lo hace sin tener la vista puesta en causar un efecto que consiga un objetivo específico o que cause crear un cambio; en otras palabras, ellos actúan con voluntad propia e intencionadamente. La agencia causal,  en lugar de implicar estrictamente que un individuo  simplemente haga que un acontecimiento ocurra, implica que la acción fue resuelta o llevada a cabo para conseguir un objetivo.

 

Recientemente (Wehmeyer, 2005) he sugerido que la claridad del concepto de la autodeterminación podría aumentar con una mejora de esta definición.  De acuerdo con esto, propuse que “el comportamiento autodeterminado se refiere a acciones de voluntad propia que permiten que una persona actúe como causa agente principal en su vida y que mantenga o mejore su calidad de vida ” (Wehmeyer, 2005).

Ya he definido lo que se  pretende con el término agencia causal. Las acciones de voluntad propia se refieren al acto o caso de elegir conscientemente o decidir con intención deliberada.  Se supone lo que era explícito en la definición anterior, que tal acción no está excesivamente influenciada .  Permitir significa hacer que alguien sea capaz de desempeñar una tarea.  El comportamiento autodeterminado es un comportamiento de voluntad propia que hace que una persona sea capaz de ser el agente causal en su vida. Las personas que son “autodeterminadas” actúan de este modo  por lo que se refiere a mostrar  pruebas de que sus acciones y comportamientos  son causados “por ellos mismos”  en vez de “causados por otros”.  Esta autodeterminación no implica que el comportamiento humano esté causado de algún modo, si no que la persona tiene la libertad para ser el agente causal en su vida .

 

Aplicación de la Autodeterminación a la Discapacidad

            El primer uso del término en la literatura sobre la discapacidad se produjo en un capítulo de Bengt Nirje en 1972.  Nirje tituló su capítulo El Derecho a la Autodeterminación, y en el párrafo inicial exponía:

 

Una faceta importante del principio de normalización es crear las condiciones mediante las cuales una persona con discapacidad experimenta el respeto normal al que cualquier ser humano tiene derecho.  De ahí que las elecciones, deseos y aspiraciones de una persona con discapacidad deban considerarse todo lo posible en las acciones que le afecten. Afirmarse con la familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo u otra gente es difícil para muchas personas.  Es especialmente difícil para alguien que tiene una discapacidad o que es subestimado.  Pero al final, incluso la persona discapacitada tiene que arreglárselas como un individuo distinto, y por consiguiente,  tiene su identidad definida para si mismo y para otros a través de las circunstancias y condiciones de su existencia. Por consiguiente, el camino a la autodeterminación es tan difícil como importante para una persona que tiene una discapacidad (p. 177).

Según el tratado de Nirje todavía quedan pepitas de sabiduría por extraer.  Nirje identificó elegir, afirmarse, auto-gestión, el autoconocimiento, la toma de decisiones, el autoapoyo, la autoeficacia, la autoregulación, la autonomía  y la independencia (si bien sin utilizar siempre esos términos) como las características sobresalientes de la autodeterminación,  una descripción de elementos consistentes con modelos actuales.  Pide una gran variedad de acciones que permitan a las personas con discapacidades ejercer el control de sus vidas y sus destinos, incluyendo la elección de actividades personales, el control sobre la educación y selección de empleo, la independencia, la participación en las decisiones, la información con la cual tomar las decisiones y solucionar problemas, etc

 

Nirje claramente expresó la importancia de esta autodeterminación personal para todas las personas, sin excluir a personas con discapacidades intelectuales o de otro tipo. A lo largo del capítulo  Nirje equipara la autodeterminación con el respeto y la dignidad a la que todas las personas tienen derecho. Además, reconoció que las personas se definían, y los demás los definían, por las circunstancias y las condiciones de su existencia. Este reconocimiento de que la autodeterminación es fundamental para lograr respeto y dignidad y para considerarse digno y apreciado  es una de las principales razones que las personas con discapacidades han reclamado inequívocamente y de manera consistente para controlar sus vidas.

 

El punto final que se enfatiza en la petición de autodeterminación de Nirje es que se hizo en referencia a las personas que habían experimentado una discapacidad severa; personas que , en ese momento, estaban en instituciones, a las que se les había negado las oportunidades educacionales y laborales, y, finalmente, se les había negado el “derecho” a la autodeterminación, una cuestión que todavía  persiste en la actualidad.  El capítulo de Nirje apareció en el mismo libro en que Robert Perske, que pedía oportunidades para  que las personas con discapacidades intelectuales experimentaran la “dignidad del riesgo”, exponiendo que:

 

El mundo en el que vivimos no siempre es seguro y previsible ... Cada día que nos levantamos y vivimos las horas de ese día, hay una posibilidad de ser arrojados a una situación donde tengamos que arriesgarlo todo, incluso nuestras vidas. Así es el mundo real.  Debemos trabajar para prepararnos para esos días. Debemos trabajar y desarrollar cada recurso humano para prepararnos para esos días. Negar a cualquier persona la parte justa de experiencias de riesgo que les corresponde,  es ponerles más límites para que disfruten de una vida saludable  (Perske, 1972, p. 199).

 

            Estas dos importantes  peticiones de acción enfatizaron la universalidad del deseo de la autodeterminación en la vida de las personas. 

            Robert Williams, uno de los líderes del movimiento del autoapoyo en los Estados Unidos definió la autodeterminación  de un modo consecuente con las expectativas de las personas con discapacidades en  Nuevo paradigma… dijo que  “la autodeterminación es sólo otra palabra para describir una vida llena de expectativas prometedoras, dignidad, responsabilidad y oportunidad” (Williams, 1989, p. 16).  Esto es, en mi opinión, uno de los retos para los profesionales y el apoyo en el nuevo paradigma de la discapacidad. Debemos proporcionar apoyos que garanticen que las personas con discapacidades intelectuales y de desarrollo lleven vidas llenas de expectativas prometedoras, dignidad, responsabilidad y oportunidad

 

Autodeterminación y Empleo

 

            Este tema nos lleva de Nuevo al empleo con apoyo, ya que hay pocas cosas en la vida equiparables con la dignidad, el respeto, las grandes expectativas y las oportunidades como un trabajo. Al  apoyar a personas con discapacidades severas a conseguir trabajos no solo se les proporciona la oportunidad de llevar unas vidas más plenas y ricas, sino que también cambia la manera en que los demás los perciben y lo que esperan de ellas. Como el análisis de Nirje sobre la  autodeterminación  indicaba, el empleo y la autodeterminación  van de  la mano en las expectativas cambiantes.  Debemos modelar esa expectativas y mostrar que con creatividad y energía, podemos diseñar apoyos que permitan a la gente funcionar con éxito en el mundo del trabajo. Yo sugeriría que para conseguir esto, debemos convertirnos en compañeros de las personas con discapacidades, compañeros que son aliados  en una causa común, una causa que se define con las esperanzas y los sueños de las personas. ¿No es este uno de los sellos distintivos del empleo con apoyo? A diferencia de otros modelos de empleo que enfatizan las carencias y la capacidad limitada, el empleo con apoyo siempre ha hablado de la capacidad y el potencial ilimitado. Es sobre la creencia y sobre la esperanza. Regina Demaresse, que vivió en una institución durante gran parte de los primeros años de su vida, escribió elocuentemente sobre la dicotomía errónea que se establece demasiado a menudo en los servicios humanos entre falsas y verdaderas esperanzas. Ella se preguntaba por qué tantos profesionales gastaban tanta energía preocupándose de crear “falsas” esperanzas cuando, como ella misma experimentó, la esperanza podía ser el único factor que sostiene a un individuo y que le da la visión y el propósito. Ella observó que la esperanza no es verdadera ni falsa, es simplemente esperanza.

            Por alguna razón, muchos profesionales han asumido como parte de su identidad profesional el papel de árbitros de la realidad. Con ésto me refiero a que demasiado a menudo nosotros, como Demaresse sugirió, nos hemos preocupado tanto por crear “falsas” esperanzas y expectativas a la gente y por consiguiente, los hemos expuesto a los riesgos asociados con el fracaso, que hemos reprimido las oportunidades de llevar a cabo la visión y los sueños y hemos limitado nuestras expectativas a lo que ya conocíamos.  Aquellas personas del público que sois consumidoras del empleo con apoyo, sin duda habréis experimentado esto directamente. Pero haciendo esto, limitamos lo que es posible y nos convertimos en  obstáculos para la autodeterminación . Necesitamos volver a capturar la esencia del empleo con apoyo que era la esperanza y la creencia, y llevar esto con nosotros al próximo siglo. 

 

            Sin embargo, tener la esperanza y soñar son sólo los primeros pasos. Debemos permitir a la gente que planeen y actúen por si mismos, no basados en las necesidades del sistema de servicios, sino basados en las preferencias, intereses y capacidades de la persona. Necesitamos aprovechar la fuerza de la planificación autodirigida y los apoyos para permitir que las personas tengan un papel significativo en la planificación laboral y en el proceso de desarrollo. El desarrollo laboral es un trabajo duro, y debido a que también puede ser difícil, creo que demasiado a menudo a la gente se la ubica en trabajos porque el puesto estaba disponible, no porque fuera el trabajo perfecto para esa persona. LA gran mayoría de personas que ingresan en entornos laborales reales ya sea con apoyo o competitivos ingresan en empleos de hostelería o limpieza, muchos de los cuales son a media jornada, raramente ofrecen salarios por encima del mínimo proporcionan beneficios como asistencia sanitaria o vacaciones pagadas. Y en vez de ser el principio de una historia laboral para empleados con apoyo, estos trabajos se convierten en la colocación definitiva para demasiadas personas con discapacidades. Tan importante como es, conseguir un trabajo no es una garantía prima facia de buena vida.  Si los resultados con los que medimos nuestro éxito continúan  siendo simplemente el número de trabajos que las personas encuentran a través del empleo con apoyo, corremos el riesgo de ignorar la realidad de que más trabajos no significa necesariamente buenos trabajos y una calidad de vida superior. 

            Cuando empecemos a considerar el empleo con apoyo como algo más que una manera más de asegurar un lugar de trabajo, podremos empezar a ver el papel tan importante que puede desempeñar el aumento de la  autodeterminación . Hablamos mucho del apoyo natural en nuestro  campo … lo que es y lo que no. Sin embargo, a menudo pasamos por alto a la persona en si. Cuanto más pueda hacer por si mismo el individuo que accede al empleo con apoyo, más probabilidad hay de que tenga éxito.  Una tendencia emergente que creo que es consecuente con fomentar  la autodeterminación y asegurar la vitalidad del empleo con apoyo es el desarrollo de las opciones de autoempleo para las personas con discapacidades.

Finalmente, al centrar la autodeterminación en el contexto del empleo podemos verdaderamente  autorizar a las personas con discapacidades a tener vidas con mayor calidad. Hay un callejón sin salida en cuanto a las cuestiones relacionadas con la atribución de poder y los profesionales en rehabilitación, muchos profesionales sinceramente quieren hacer  todo lo posible para autorizar a personas con discapacidades, pero igualmente no quieren  equivocarse al asumir la máxima autoridad para  admitir que el poder o el control está en ellos. La solución a  este enigma pasa por hacer esfuerzos para permitir que  las personas con discapacidades ejerzan el control en sus vidas y, como función de tales acciones, se sientan autorizados para hacerlo en gran medida. Como profesionales en rehabilitación , el camino para hacerlo posible es proporcionar oportunidades y apoyos que fomenten y aumenten la autodeterminación de las personas con discapacidades.

 

References

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